RETO Día 2: Las diferentes caras de una misma persona.

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Llevaba un rato largo discutiendo con ella. Miró la foto que tenía sobre el escritorio y le parecío totalmente inverosímil que se tratase de la misma persona. En la imagen, esa misma chica sonreía de una forma muy auténtica, los rayos de sol incidían sobre su cabello rojizo ofreciendo una gama de tonos apasionantes desde el cobre al dorado. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos verdes le brillaban de felicidad. Si la hubiese visto en ese mismo instante, en ese mismo lugar, probablemente se habría quedado prendado de ella. Pero la chica era banquera. Y en ese preciso momento, mientras le sonreía de otro modo, le estaba diciendo que todo el dinero que su banco se había quedado de forma engañosa, no se lo iban a devolver.

 

RETO Día 1: La serenidad del que sabe.

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La invadió una serenidad repentina. Después de tanto tiempo dandole vueltas al mismo tema al fin sabía qué era lo que tenía que hacer. No iba a ser fácil. Jamás lo era. No obstante, en lo más profundo de su alma, la calma había encontrado su lugar al fin y saboreó esa paz que solo logra el que sabe que elige el camino correcto.

La brisa del mar le acariciaba suavemente la cara, abrió los ojos y empezó a andar.

El reto de los 30 días

Como ya habréis ido viendo, Los Lunes Perros es algo así como mi cuaderno de campo. Mi intención con él es volver a cogerle el placer a dibujar y escribir, sin obligación, sólo por placer. Y aprender… sobretodo aprender.

Hace un par de días me topé con el blog de Paulaimantada y su reto de los 30 días. El reto de Paula es hacer ejercicio todos los días durante esos 30 días para coger el hábito.

Me pareció una idea fantástica.

Paula, que es muy creativa, me propuso que lo extrapolara a mi intención de dibujar todos los días. En concreto su idea fue que dibujase a alguien, diese unas pistas de su personalidad y/o situación y que, de ésta forma, cada uno que la viera pudiese imaginarse algo de la historia de ese personaje. Ésta segunda parte me parece muy ambiciosa dado que el blog lleva muy poquito tiempo y muy poquita gente lo lee pero, acepto el reto: Durante 30 días subiré un dibujo/esbozo y una pequeña historia a la que haga referencia.

Así que, ¡vamos allá!

Y tu, ¿tienes algún reto?

La moto en venta.

David quería comprarse una moto. Durante muchos días estuvo horas y horas buscando por miles de páginas web anuncios de venta de motocicletas. Las había de todo tipo pero no encontraba lo que él necesitaba: una moto “chula”, barata y que no dejase de funcionar a los dos días.

Un día vio una que le gustó mucho. Era una moto roja con un rayo amarillo pintado en los laterales. Parecía no tener ni un solo desperfecto y relucía, como recién pintada. Lo mejor de todo era su precio, ¡era baratísima! Tenía que ser suya. ¡No había duda de que era un chollo! No obstante, como David ya tenía experiencia en motos baratas que finalmente costaban más en reparaciones que en su compra, decidió llamar a su amiga Vero para que le ayudase.

Vero era policía y, como buena policía, era cotilla por naturaleza. Su trabajo en esos momentos era bastante aburrido así que las incursiones de David para que le mirase matrículas de motos le divertían. ¡Se podían saber tantas cosas de gente desconocida con sólo mirar una matrícula! Hermanas peleadas, divorcios, hijos conflictivos… En su cabeza se montaba películas con personas inventadas a partir de lo que encontraba y, de esa manera, el tiempo en la oficina encerrada le pasaba mucho más rápido.

Aceptó encantada el encargo de David. Cogió la matrícula de la moto del rayo amarillo y empezó a investigar.

– Ufff… -pensó Vero – ésta moto ha pasado por muchas manos. Aunque ha pasado todas las inspecciones técnicas sin incidencia alguna.

Miró detenidamente las fechas de compra-venta de la moto. No parecía haber ningún tipo de problema. Era muy extraño. Normalmente, cuando un vehículo empezaba a fallar, los traspasos titular se iban acortando en el tiempo. Esa moto no parecía tener defectos y esos traspasos eran muy prolongados. Sin ningún patrón.

Como tenía tiempo de sobras, Vero decidió curiosear a todas las personas que habían sido propietarias de esa moto.

No se podía creer lo que estaba viendo.

A medida que pasaba de titular en titular la sangre se le iba helando.

Todas las personas tenían un hilo conductor en el momento de poseer la moto del rayo. A saber:

Antonio Saavedra Lopez: murió en un accidente de moto. Oscar Latorre Saez: perdió a su hijo en un accidente de coche. Marina Gutierrez Ruíz, perdió a su hermana a manos de su ex-marido. Raúl Torrído Ecija, actual propietario, tuvo un accidente en su empresa donde murieron 3 trabajadores.

Esa moto era la viva imágen de la muerte. La moto del mal.

Vero llamó inmediatamente a David y le dijo que ni loco se comprase ese diablo sobre ruedas.

Así que David siguió mirando miles de páginas web en busca de otra moto.

Dos días más tarde, a 30 kilómetros de distancia, Sergio había quedado con un tal Raúl para que le enseñase la moto que vendía.

-Tío, me encanta la moto, ¿tiene algún tipo de problema? – le preguntó Sergio a Raúl.

-No, que va. Es que he tenido una incidencia en mi empresa y necesito venderla, necesito dinero rápido. – le respondió Raúl.

-Pues me la quedo. – le dijo Sergio y le dio un sobre con el cantidad que pedía.

Sergio subió a la moto, encantado de la adquisición que había hecho. Sus colegas iban a alucinar. Raúl se la había limpiado antes de dársela y los rojos y amarillos relucían que daba gusto mirarla. ¡Y eso no era todo! ¡funcionaba a las mil maravillas! El motor rugía de esa forma que sólo los amantes de la velocidad pueden entender. ¡Que gran compra había hecho!

– ¡Ivan! – llamó por teléfono a su amigo – Baja al portal en diez minutos que te enseño mi auto-regalo de cumpleaños.

Giró la calle a la derecha, justo cuando el camión de la basura tiraba marcha atrás.

La niña de los ojos grandes.

Me llamó la atención nada más entrar.

Se acercó donde yo me encontraba y me habló. Tenía la voz chillona y hacía muchas preguntas curiosas. Sus ojos, grandes y oscuros, brillantes de inocencia, miraban a la vida de frente y con entusiasmo. Cientos de nuevas ilusiones debían revolotear por esa cabecita plagada de rizos oscuros. Vestía muy coqueta, con lazos, dorados y rosas, y una maletita de viaje adecuada a su tamaño, con ilustraciones de princesas de cuento.

Ella no paraba de sonreír a pesar de los lamentos de su madre.

Era ella quién respondía a mis preguntas. El desconocimiento le daba serenidad. Aún sin comprender.

Niña lista, inteligente, espabilada… bonita. Tenía esos grandes ojos llenos de luz… pero su sonrisa no hacía más que entristecerme.

Todavía pienso en ella a veces.

Ella aún hoy no sabe que a su lado, el reflejo de la realidad se torna cada vez más potente, como un gran espejo que ocupa toda una pared. No sabe que sus sueños de princesas se verán truncados al son de sus padres y del sol bajo el que se encuentre. De su tradición. De su cultura.

No sabe que tendrá que soportar iras injustas, obligaciones impuestas a base de deshonor, luchas externas y penas internas, tan profundas, que le arrebataran esa belleza que ahora posee de forma despiadada. Desgarradora. Atroz.

No sabe que al final olvidará sus sueños de infancia, sus más profundos deseos para someterse al yugo de un hombre, al que con mucha suerte amará pero que la esconderá en una sala a parte a expensas de lo que él desee. Sometida a su voluntad. Anulada totalmente. Nacida para criar, limpiar y servir.

No sabe que le harán creer que la vida es así.

No sabe que se lo creerá.

Ella, tan llena de gracia, de vitalidad, de fantasía. Sus ojos perderán ese chisporroteo de ingenuidad de una niña que olvidará que un día fue niña y que vio, en otro lugar muy lejos de casa, como las demás niñas sí pudieron elegir sus sueños.

 

 

Sálvame

Tengo el defecto de creer en imposibles. De querer curar al mundo aunque éste insiste en hacerme entender que eso no puede ser así.

Nadie puede ser salvado si no quiere.

Nadie me ha pedido ser salvado.

Mi corazón es suyo, por más que no quiera reconocer que se lo di, a regañadientes y con muchas reservas, aquella mañana de mayo en un pequeño balcón con vistas al mar.

No puedo imaginármelo en otras manos que no sean las suyas.

¿Qué le pasa a mi cabeza? ¿Por qué no es capaz de distinguir la realidad de su propia ficción? ¿Por qué, cuando le da por girar, gira y gira y gira y gira y marea y sacude y ahoga hasta el extremo de hacerme agonizar?

Siento que me elevo y miro sobre mi propia vida. Huelo el viento del cambio, ¿o es el de la memoria pasada? Una caída de sol, una playa invernal, una canción… ¿no será que el miedo vuelve basándose en su propio recuerdo?

¿Es miedo?

¿Es invención?

¿Es realidad?

Yo sí quiero ser salvada.

Sálvame.